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10 años después del terremoto del 16A en Ecuador, la amenaza sísmica sigue latente

Escrito por el abril 16, 2026

El 16 de abril de 2016, un terremoto de magnitud 7,8 golpeó Manabí y Esmeraldas. El devastador sismo fue el resultado de años de acumulación de tensión en las dos placas subterráneas que se encuentran debajo de Ecuador, y que chocan justamente en el perfil costanero. Una década después, la pregunta central de los científicos ya no es si volveremos a sufrir un evento de esta magnitud, sino cuándo ocurrirá.

A las 18:58, el suelo de la Costa ecuatoriana se sacudió con una violencia inédita. Los 42 segundos del terremoto de magnitud 7,8 del 16 de abril de 2016 fueron eternos. El sismo golpeó con más fuerza en Manabí y Esmeraldas, donde dejó devastación y la muerte de más de 600 personas. Pero, una década después, los científicos siguen detectando una tensión sostenida entre las placas tectónicas que lo provocaron.

El terremoto de Pedernales es el peor registrado en Ecuador en dos ámbitos distintos: es el de mayor magnitud desde otro terremoto que también golpeó Pedernales (en 1946, con una magnitud de 7,8) y es el más devastador desde el terremoto de Ambato de 1949, que dejó unos 6.000 muertos.

Para entender la verdadera fuerza destructiva que azotó en 2016, hay que mirar más allá de los números, porque la escala sísmica es engañosa . Al comparar la energía liberada por el sismo de Pedernales (7,8) frente a otros eventos históricos recientes, como el de Macas (7,5) o el mismo terremoto de Ambato (6,8), la diferencia es abrumadora . Por cada punto entero que sube la magnitud, la energía liberada se multiplica por 32. Es decir, el terremoto de 2016 tuvo la fuerza y liberó la misma energía que 32 terremotos de Ambato estallando al mismo tiempo .

Pero pudo ser mucho peor, explica el ingeniero Sandro Vaca, parte del equipo de Sismología del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IG-EPN). En esa zona del país, entre el norte de Ecuador y el sur de Colombia, existe un “alto acoplamiento” , es decir, es una zona de máxima tensión, donde dos placas tectónicas están fuertemente atascadas.

Para entender lo que pasa en esa zona de Ecuador, es necesario saber lo que pasa debajo. A lo largo de la costa del Pacífico sudamericano conviven dos placas tectónicas: la Placa de Nazca, ubicada debajo del Océano Pacífico, y la Placa Sudamericana, donde se ubica el continente. Y desde hace millones de años, la Placa de Nazca se está metiendo debajo de la Placa Sudamericana.

En la zona norte de Ecuador y sur de Colombia, la situación es más compleja . Ahí, la Placa de Nazca avanza por debajo de la Placa Sudamericana a un ritmo de unos 6 centímetros al año, de acuerdo con el monitoreo que hace el IG-EPN con dispositivos GPS de alta precisión. El problema es que este avance no es un deslizamiento suave, sino más bien un atasco: están atoradas, y chocan sin poder moverse. Esa fricción constante aumenta progresivamente la tensión.

Eso es justamente lo que detonó la tragedia en 2016. Las placas venían acumulando tensión durante años por el movimiento de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana, hasta que la roca no aguantó más. Para liberar la energía, se generó una fractura y la tierra tembló.

La fractura comenzó en el epicentro, ubicado en el mar a la altura de Cojimíes, y bajó hacia el sur a un ritmo de 3 kilómetros por segundo . El terremoto se sintió a lo largo de todo el país, pero la zona más afectada es la que estaba cerca de la ruptura (la zona pintada de rojo en el mapa).


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